Tanto si eres freelance como si gestionas una empresa, es probable que tu operativa diaria dependa de múltiples plataformas que no controlas. Y es que no somos tan libres como creemos. En pleno siglo XXI, rodeados de tecnología y acceso ilimitado a contenidos, herramientas y plataformas, cada vez más personas y empresas sienten que viven bajo una nueva forma de dependencia: el feudalismo digital.
Una realidad donde no poseemos nada del todo: alquilamos software, pagamos por almacenamiento, accedemos a servicios bajo condiciones impuestas y construimos nuestra vida digital en terrenos que no nos pertenecen.
Pero, ¿somos conscientes de cuánto estamos cediendo y a qué precio?
El nuevo castillo: plataformas, apps y nubes
Piensa rápido: ¿cuántas suscripciones tienes activas ahora mismo?
- Spotify, Netflix, Disney+…
- Adobe Creative Cloud, Canva, Notion…
- Google Drive, Dropbox, iCloud…
- ChatGPT, Grammarly, Figma, Webflow…
Y ahora suma:
- El alquiler del local o coworking.
- Las licencias de software para trabajar.
- La cuota de tu gimnasio.
- La app de meditar.
- El CRM, la plataforma de email marketing, los plugins de tu web.
Cada uno de estos servicios representa un señor feudal digital que te concede acceso temporal a sus tierras: su servidor, su sistema, su comunidad. A cambio, pagas. Y si dejas de pagar, pierdes acceso inmediato. A veces, incluso pierdes lo que habías creado.
Vasallos por contrato
En el feudalismo medieval, el vasallo se comprometía a servir a su señor a cambio de protección y tierras. Hoy, firmamos términos y condiciones interminables para poder «usar» herramientas que se convierten en imprescindibles para trabajar, crear o comunicarnos.
No tenemos propiedad real sobre nuestros datos, diseños, audios, correos o bases de datos si están alojados en plataformas que pueden cambiar las reglas en cualquier momento. Y lo hacen.
¿Existe una alternativa?
El debate no es abandonar lo digital, sino recuperar soberanía:
- Auditar nuestras suscripciones: ¿cuáles realmente usamos? ¿Cuáles podríamos sustituir por alternativas de código abierto o gratuitas?
- Desarrollar nuestro propio software cuando sea posible y estratégico, para tener el control total de procesos clave.
- Priorizar herramientas que permitan exportar datos y conservar el material incluso si dejamos de pagar y reducir dependencia.
- Invertir en propiedad digital: dominios, hosting propio, servidores compartidos.
- Fomentar una cultura digital consciente, donde el «usar» no implique «someterse».
El feudalismo digital no es una teoría conspirativa. Es una forma de nombrar una tendencia real: la creciente dependencia invisible de plataformas y servicios que no controlamos. Cuestionarlo es el primer paso para construir una vida digital más libre.
¡Haz la prueba! Haz una lista de todo lo que alquilas, pagas mensualmente o usas sin poseer. Te sorprenderá.
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